Archive for May, 2009
Escuchar a Mingus es un proceso doloroso, es bello, pero es doloroso. Charles Mingus hace una música desde el dolor y la impotencia y cada nota apunta a morigerar ese dolor pero cuando parece que lo va a lograr, su rabia explota en ese caos que sus músicos interpretan emitiendo gemidos, chillidos, gritos, pedidos, en fin que parece son escuchados pero que vuelven a aparecer no bien calmados. Change One (y Two) es posiblemente uno de los cinco mejores discos de jazz de la historia y está interpretado por el mejor quinteto que tuviera Mingus y al mismo nivel de los quintetos históricos de Armstrong y Davis. Y la exasperación y la calma están presentes en cada nota del disco y en cada respiración de sus músicos, Don Pullen al piano, George Adams en saxo tenor, Jack Walrath a la trompeta, Dannie Richmond en batería acompañando a Charles Mingus en el contrabajo. Casi toda la obra de este genial músico, sabemos, ha girado sobre una o dos ideas melódicas y reinventadas cada vez por sus quintetos, sextetos u orquesta. Las interpretaciones de Mingus y sus músicos son la quintaesencia de la improvisación y este disco no es la excepción. Remember Rockefeller At Attica, es sencillamente demoledor con el quinteto a pleno exponiendo el tema y tomando coros el saxo, el piano, el contrabajo, todo sin aliento, ritmo y melodía y final imprevisto. Sue’s Changes es el genio en estado puro, lo que parece ser una balada, un susurro casi, va mutando en tiempos y se transforma en un crescendo que se hace asfixiante hasta que el piano trae tranquilidad y al diminuendo sigue otra vez el crescendo. El tema es de una belleza tal, de una concepción tan elevada (en el sentido metafísico de elevación) que todo sucede en un torbellino y entonces nos asombramos ante la concepción casi natural de este hombre y su relación con el cosmos. Devil Blues es un blues entre ciudadano y rural cantado por George Adams que parece estar en una taberna de paso e invitado a cantar con la banda, los coros de la trompeta el piano y el tenor son de una energía contagiante. Uno tiene la impresión que el compendio de los blues es este tema y su coda final es el resumen. Y por fin su homenaje, su amor por Ellington se traduce en el bello Duke Ellington’s Sound of Love, donde no hay una sola nota discordante y creo que es una de las pocas veces que escucho a Mingus reconciliado con él y su universo. Pullen, tal vez uno de los mejores pianistas de jazz interpreta su coro tan relajado, Adams y su maravilloso sonido en el tenor, aletea sin prisa, Mingus canta una melodía subyugante en sus cuerdas y con su último acorde reingresa el quinteto para un final tan majestuoso, tan bello que duele. Con mi última lágrima le digo gracias a Mingus y vuelvo a poner el disco, una y otra vez y otra vez y………
